Por Héctor Díaz
1 de febrero de 2009 - Web UPyD Sevilla
En el bamboleo del señor presidente cuando nos habla se encuentra la explicación de que, como los antiguos hijosdalgos y los contemporáneos señoritos, ande repartiendo los cuartos a diestro y siniestro de su bolsa de cuero, que es la nuestra, a los pedigüeños de nuestra era. Don José Luis, cuando se sube al estrado, es un ser aparentemente vulnerable, especialmente a los vientos que soplen, ¡qué digo vientos!, a las humildes brisas. Tanto es así que, como un día haya corriente en el Congreso de los Diputados o, más frecuentemente, en el plató de “Tengo una pregunta para usted”, de fijo, se nos cae. Esta apariencia, no obstante, es engañosa. Ya hemos visto cómo el vendaval acaba de llevarse de raíz miles de árboles, en Galicia como en Cataluña, árboles de recio tronco, algunos centenarios. Nuestro feliz presidente, por el contrario, carece de copa. No es que no se merezca algunos premios por los “records” conseguidos, pues más pronto que tarde lo veremos en el dichoso libro “Guiness”. Nuestro querido ZP es más bien pariente del bambú o del humilde junco, que baila con el viento y que, en siguiendo la corriente, no pierde nunca el pie. Es de la noble estirpe de Felipito Tacatún, maestro televisivo en sostenella y no enmendalla y aunque, como aquel cómico sin gracia de nuestra remota infancia, no ponga los ojos saltones, tuerza la boca ni muestre unos enormes dientes, que por algo se pone él siempre de parte de Caperucita, parece terminar ordinariamente sus alocuciones diciéndonos: “Yo sigo”.
sábado, 7 de marzo de 2009
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