Por Pedro Vicente
17 de diciembre de 2008
Cuando empezábamos a hacernos mayores, dábamos por supuesto que los Estados Unidos después de haber observado la evolución de España tras la guerra civil y el control que el dictador ejercía sobre la totalidad de la sociedad española en todos los órdenes, no habían tenido otro recurso que llegar al tratado de cooperación hispano norteamericano que alejara la influencia ideológica de la otra Europa.
Una España a la que el proceso de transición en la práctica regaló un referéndum para la reforma política y, ante todo, una Constitución que legalizara la supresión de la leyes fundamentales del Reino, parece no haber sido buen caldo de cultivo de políticos que crean en las bondades que atribuyó Winston Churchill al predicar que aún siendo un mal sistema era capaz de controlarse a si mismo.
Más bien al contrario, estos treinta años de andadura democrática no parecen haber sido capaces de darnos una generación de políticos que antepongan el interés general, al menos el interés general en que sea el sistema el que prevalezca, al interés del partido.
He decidido esperar a la finalización del debate parlamentario sobre la moción presentada por Rosa Diez y asistir a la cínica argumentación del partido socialista y los nacionalistas para rematar el marco de este pobre retrato de democracia que nos acaban de dedicar.
Los estrategas del PSOE dan por hecho que disolver los ayuntamientos gobernados por ANV, es regalar la masa de votantes abertzales al PNV, por lo que han decidido esperar unos meses el desgaste del gobierno de Ibarretxe (crisis industrial incluida) para así aparecer como el voto moderado y, en definitiva, vender la pacificación como genial logro del gobierno socialista en lugar de aparecer como el verdadero causante.
Parece claro que hay poco espacio para la dignidad de un pueblo (y cuando digo pueblo quiero decir pueblo español y punto) si de lo que se trata es de colocar a Patxi López en la lehendakaritza.
En realidad con el sistema “manu militari” que ejercen los grupos parlamentarios sobre sus diputados, cabe preguntarse ¿para que el parlamento? ¿Para qué todo esto? Bastaría solo con tomar los resultados electorales (excluyendo el número de votos reales) y empezar a lanzar decretos leyes, nombrar fiscal general, obviar la inconstitucionalidad de los proyectos de estatutos o la ausencia de condena de los atentados terroristas según convenga y a otra cosa.
Nuestros políticos han aprendido bien la lección del buenfranquismo, un control total que permita engañar lo suficiente al pueblo como para llegar a un próximo proceso electoral del tipo que fuere, especialmente con leyes electorales solo a favor del poder establecido.
En materia de economía, Franco fue siempre un verdadero analfabeto, alguien que solo tomaba decisiones en esta materia de manera intuitiva con el único objetivo de mantenerse en el poder, ¿notan Vds. las similitudes?
Parece claro que a nuestra democracia todavía le queda algún hervor que la curta y la defienda de los delirios y esa embriaguez que a los Presidentes del Gobierno en España les llega en las segundas legislaturas y que les lleva a criar bonsáis, a hacerse fotos con mandatarios o a creer que con una sonrisa y una ceja torcida puede seducir a un puñado de asesinos sanguinarios.
¿Se ha descubierto remedio para esta patología? Si, yo la llamo Rosa, Rosa Diez
viernes, 19 de diciembre de 2008
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