Por Manuel Rosa y Rocío Fondevila
25 de noviembre de 2008
A veces uno siente la necesidad de proclamar que ha descubierto un pespunte inédito de la realidad, y como tal originalísimo, y corre a contárselo a quien esté dispuesto a escuchar nuestra supuesta perspicacia en tal o cual aspecto de lo real del que hemos sacado oro. Obviamente el oro que creemos haber sacado nosotros estaba extraído hace ya siglos, ya que otros muchos antes pisaron el mismo terreno y pensaron lo mismo , vendiendo el oro a mejor precio que nosotros.
Viene esta reflexión a cuento del tan traído velo SI, o velo NO, haciendo hincapié en que en este sentido todo lo que yo diga no pretende ser original, es más, estoy dando razón de lo obvio, evidente y verificable. Entiendo que en este asunto entran en conflicto dos derechos igual de importantes, la libertad y la igualdad, y no es fácil posicionarse. Prometo no apelar al profeta en ninguno de mis argumentos.
Cuando se habla del velo, oigo que la razón para defenderlo como prenda de vestir, o como tocado más o menos exótico, es justamente ésta: “es una prenda de vestir, simbólica o no, y como tal tienen todo el derecho a llevarla, sino se vulneraría la libertad de ir como a uno le dé la gana”.
Bien. Partamos de una premisa. No todas las culturas valen lo mismo por el hecho de serlo. Hay culturas mejores que otras, objetivamente mejores. Una cultura que apelara a la superstición como modus vivendi está menos desarrollada que una que ha pasado por el filtro de la razón. Espero que esto no sea discutible.
El velo islámico, al igual que la burka, no es una mera prenda de vestir como la entendemos en Occidente, sino una de las materializaciones –además de la ablación del clítoris antes de los 6 años, el cierre y cosido de labios vaginales, el matrimonio forzoso y pactado, la prohibición de llevar ningún tipo de sustancia artificial en el cuerpo, ni maquillaje, ni desodorante, ni esmaltes, ni nada que pueda atraer la mirada de los demás hombres- de la Profunda Desigualdad entre hombres y mujeres en el mundo islámico. No llevar el velo, en una familia de clase media que profese el Islam, es motivo más que suficiente para que el marido azote a la mujer por una falta grave a la ley del profeta. El número de azotes está especificado en una Sura (conjunto de versículos) concreta, lo que ocurre es que dependiendo de la benevolencia del padre o marido, puede bajar o subir la dosis de golpes (lo cuenta con detalle en varias escenas escalofriantes Hayaan Hirsi Ali en su libro Mi vida, Mi Libertad, que recomiendo para sacarnos de algunos lugares comunes y clichés sobre la filantropía del Corán y del profeta). La mujer, en el Islam, es una pura excrecencia del hombre, sin ningún derecho, incluido el de pensar por cuenta propia, el más peligroso de todos.
Una vez dejado esto claro, cabe añadir que, además de la férrea estructura familiar propia, la jerarquía social islámica se divide en clanes, que imponen a las familias particularidades en cuestiones de moral coránica. Si una mujer incumple cualquier precepto considerado sagrado por el Corán, está en el punto de mira de ser estigmatizada por todo el clan como impura e infiel.
Imaginaos si estas chicas que van con el velo a clase tienen motivos para estar temerosas, no sólo de Alá, sino de sus padres y los integrantes de su clan, que las repudiarían. No creo que sea una decisión libre, ni un deseo personal el hecho de llevar el velo. Están sometidas a designios que establecen otros.
Todos sabemos que España es un país democrático, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que la Ley no es la Moral, como pasa en los regímenes islámicos, aquí ambas están separadas, y las pequeñas morales que cada uno tengamos, sean católicas, protestantes, islámicas o marxistas, no pueden entrar en conflicto con la ley, puesto que ésta debe estar basada en principios de igualdad, pluralismo y libertad, algo de lo que no suele hacer gala precisamente ningún credo religioso. Por eso vivimos bajo el imperio de la ley, en un estado de Derecho.
La ley tiene que garantizar que en el ámbito público no haya intromisiones de símbolos religiosos, más cuando esos símbolos menoscaban uno de los derechos fundamentales: el de la igualdad entre hombres y mujeres.
Si un chico acude a clase con una medallita de la Virgen del Rocío, obviamente no se la vamos a requisar a la entrada del colegio, puesto que ese símbolo, aun siendo una representación de sus creencias religiosas, no es, en modo alguno, discriminatorio ni entra en conflicto con ningún derecho fundamental. El velo islámico, vuelvo a insistir, discrimina y segrega, no sólo representa.
La razón que han dado las autoridades públicas para reintegrar a las niñas a clase ha sido el derecho a la escolarización por encima de las normas internas de los centros. Creo que esta razón está mal enfocada, ya que previo al derecho de la niña a recibir clase está la obligación de los padres a escolarizarla como método fundamental de integración en la sociedad en la que conviven. Hay que hacer que el individuo se ajuste a la ley, y no que la ley haga excepciones con los individuos.
Y es que el derecho a la diferencia está muy bien, y es legítimo, siempre que no suponga una diferencia de derechos, lo cual es, además de ilegítimo, injusto.
En Francia, que nos lleva años de democracia, está promulgada una Ley que no permite ningún símbolo religioso en la escuela pública (ojo, en la escuela pública, que es de todos; en una escuela privada la ley no tiene derecho a inmiscuirse, como no lo hace ni en la iglesia ni en la vida privada de las personas).
Espero que algún día nos pongamos a ese nivel por el bienestar de todos, incluyendo a las niñas que hoy llevan el velo.
El término hiyab (en árabe, حِجَاب ḥiŷāb) procede de la raíz ḥaŷaba, que significa “esconder”, “ocultar a la vista” o incluso “separar”: da lugar también a palabras como “cortina” o “pantalla”, y por tanto su campo semántico es más amplio que el del castellano “velo”. ¡Tela!
Este artículo fue escrito el domingo, 25 Noviembre 2007, pero hoy viene como anillo al dedo, por la celebración del Día contra la Violencia de Género, y por la polémica generada por los símbolos religiosos en la escuela.
viernes, 19 de diciembre de 2008
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