miércoles, 14 de enero de 2009

SOBRE “DE LA BUENA Y LA MALA EDUCACIÓN” DE RICARDO MORENO CASTILLO.


Por Lola Prieto
14 de enero de 2009 - UPyD Sevilla

Si el primero de los libros de Moreno Castillo se titula “Panfleto antipedagógico” (véase archivo adjunto) el segundo habla sobre la Pedagogía con mayúsculas. Y lo hace en un tono igualmente acertado. Libro incorrecto políticamente, menos mal, defiende valores como el esfuerzo, el estudio, la memoria y la excelencia educativas tan denostados hoy en día.
Recomiendo su lectura a todos los ciudadanos y ciudadanas preocupados por su entorno inmediato, preocupados por la realidad más cercana.
La presentación es de Eduardo Mendoza que afirma, tal y como lo hace nuestro Partido que “la educación, en la medida en que prepara a los ciudadanos para la convivencia, la productividad y para su realización personal, es asunto de la máxima importancia”. Como lo es la economía, la gestión social o las libertades individuales. O más, porque los economistas, los gestores y en general todos nosotros, somos lo que somos por mor de la educación recibida.
No sólo se denuncian aquí los males del sistema, sino que con agudos argumentos, se demuestran y se nos ofrecen soluciones. Estamos ante un libro optimista porque de sus textos se desprende la idea de que la lógica y la sensatez acabarán imponiéndose sobre este elogio continuo de la locura que las autoridades educativas defienden. Porque, cuando el Informe Pisa pone en evidencia el fracaso de la educación en España, los gestores de la misma, en lugar de analizar el sistema y sus leyes, como cabría esperar de personas inteligentes y pedagogos proclives a la “autoevaluación” y a la “autocrítica”, buscan los errores fuera. Buscan los errores en los otros, en factores circunstanciales, e inventan falacias contra el profesorado, o los padres o a la sociedad entera, antes que aceptar lo evidente: su propio fracaso.
Lo que es inequívocamente común a todo el alumnado es la clase de educación que recibe, lo demás es diferente, como diferentes son las familias de las que procede este alumnado, o diferentes son los profesores o diferentes son los propios chicos y chicas. No, no podemos atribuir el fracaso total a estos factores, como señala valientemente Moreno Castillo.
Antes de la actual Reforma, estosmismos docentes sí enseñaban, y los alumnos, adolescentes y niños siempre, aprendían. La sociedad ha mejorado como resultado de aquella educación .Y se enseñaba a respetar y se respetaba y se enseñaba matemáticas o inglés o lengua o literatura o geografía. Y se podía dar clase. Ahora no.¿Cómo enseñar en una clase donde el que enseña debe situarse a la altura del enseñado? ¿Dónde el respeto y la autoridad en el sentido amplio brillan por su ausencia? ¿Dónde el profesor antes que maestro, debe ser coleguita, o amigo o ejercer de padre y madre?
El pasado está para aprender de él y mejorarlo. Es el tiempo el que muestra los resultados de aquellos nuestros esfuerzos. El resultado de la actividad educativa no se ve de manera inmediata. Hemos de esperar para ver. Esa es la diferencia con otros muchos trabajos. Un carpintero ve rápidamente el fruto de sus esfuerzos, que puede ser una mesa o un armario y un médico tampoco ha de esperar tantos años, ni un ingeniero, ni un arquitecto, pero un profesor, sí . La recompensa de su esfuerzo la ve con el tiempo.
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Y si España ha mejorado en muchos aspectos, esto se debe al fruto del trabajo de muchos profesores y profesoras en activo y de otros muchos que afortunadamente ya no viven la degradación del sistema de enseñanza que nos obliga entre otras barbaridades a pasar a chicos y chicas de curso sin un mínimo de esfuerzo ni logros académicos o de aprendizaje, en aras de no sé qué pretendidos derechos del niño. Y digo pretendidos porque los derechos del niño se conculcan desde el momento en que a unos se les permite no aprender y no se protege a aquellos que sí desean hacerlo.
Muchos profesores criticamos la Ley desde el conocimiento de su gestación y la criticamos después desde la autoridad que nos concede la práctica de su aplicación, la evaluación de sus resultados. Si los políticos que nos gobiernan no rectifican humildemente en provecho del bien general de todos, la sociedad, impelida por una urgente necesidad, los obligará a ello. Y espero por el bien de nosotros mismos, lo haga cuanto antes.
El sistema ha de fomentar el estudio, valorar la excelencia y proteger el derecho a aprender para que el futuro que construimos sea mejor que el que hemos recibido. O mejor. Y como no es así, es el propio pueblo, sus voces, sus maestros y la valentía de todos la que se traslada cada vez con más fuerza, al conjunto del profesorado español, decepcionado de un sistema educativo que cada vez se muestra con menor capacidad de enseñar y educar. Un sistema que se degrada a sí mismo y que por el bien de la sociedad del futuro esperemos que cambie. Aprendamos de los errores y no nos tapemos los ojos. Sólo conseguiremos no ver. Y la realidad no se modificará por ello. Seamos valientes. Seamos profesores, seamos padres y madres y seamos personas responsables a los que nos importe el bien de nuestros hijos por encima de mezquinas aspiraciones personales o políticas.
No caigamos en la trampa que nos tiende la administración educativa de negar lo evidente en defensa de una irresponsable tozudez. Porque lo evidente acabará por imponerse como es su costumbre, antes o después, y no neguemos lo evidente, además, porque nos traemos entre manos nada menos que la formación y creación de la sociedad de nuestro propio futuro, nuestro propio mañana.

Panfelto antipedagógico, pdf

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