Fallos en cadena
Por Rocío Fondevila
10 de enero de 2009 - UPyD Sevilla
Está claro que la noticia del día está relacionada con la nevada de ayer en Madrid.
Con gran sorpresa, a mediodía, recibí la llamada de una muy querida amiga francesa que, encontrándose volando de París a Madrid, se vio desviada, junto con todo el pasaje de su vuelo y los de un total de diez vuelos que se dirigían a la capital de España procedentes de Sao Paulo, Costa Rica, San Sebastián, París, Guayaquil, Bogotá, Lima, El Cairo y dos de Tenerife.
Dado que, como dije, es muy querida, le ofrecí recogerla y traerla a casa mientras se resolvía la situación; prudentemente, me dijo que no quería abandonar el aeropuerto por estar a la espera de noticias. Por tanto, fui yo quien se desplazó allí para acompañarla en la espera y tomar un café mientras nos poníamos al día de nuestras vidas en este período de poco más de un año que llevamos sin vernos. Fue difícil porque, una vez allí, nos vimos obligadas ambas (ella es profesora de español en Francia) a ocuparnos de tareas de relaciones públicas e intérpretes. La información era nula por megafonía y la gente, simplemente, se ponía en la primera cola que encontraba esperando que allí le dieran alguna información.
Es increíble comprobar cómo una simple nevada, probablemente de mucha menos envergadura que las que pueden afectar a otras capitales europeas cualquier día de invierno pudo crear un caos semejante en todo un país.
Nuestra querida ministra de Fomento, de nuevo, achaca las culpas a otros: “cadena de fallos” los llama. Pero ¿quién tiene la culpa de todos esos fallos? «La Comunidad de Madrid, la autonomía más afectada, atacó sin cuartel al Ministerio de Fomento. Protección Civil respondió con reproches al Ejecutivo de Esperanza Aguirre. Al final zanjó el asunto la ministra Magdalena Álvarez, que admitió fallos de todo el mundo, pidió perdón a los usuarios y asumió imprevisiones, aunque centró el tiro especialmente en un punto: la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que no previó la gravedad de la nevada.»
Pude comprobar que el personal del aeropuerto se deshizo en ayudas continuas. Una señorita, con uniforme de Iberia, se acercó a una cola a decir que había autobuses para conducir a la gente a la Estación de Santa Justa y allí tomar el AVE a Madrid. Trasladamos la información a las personas que nos rodeaban, surgían dudas que comunicábamos a la empleada:
¿Habría trenes suficientes y plazas en ellos para todos o iban a limitarse a trasladarse a otro espacio diferente sin posibilidades de tener acceso a las compañías de vuelo? La señorita se desplaza a las oficinas y hace una llamada. Vuelve con la información: “No saben nada” Informa, no obstante, que deben sacar su billete para el AVE y conservar los comprobantes de compra para reclamar, en sus propios países, a Iberia. Un grupo de chicas jóvenes se queja de que no tienen recursos para pagar el billete, de que tienen hambre y nadie les ha ofrecido siquiera un bocadillo y que los precios del aeropuerto son abusivos. Trasladamos a la empleada las protestas, acude de nuevo a la oficina, nueva llamada. No hay solución, ése es el procedimiento. Desesperación en los viajeros, sobre todo en estas chicas que, seguramente, habían gastado la mayor parte de sus recursos en esta aventura…
Finalmente, mi amiga y su grupo fueron trasladadas a la estación, desde allí me llamó para confirmarme que ya estaba instalada en un AVE y que se disponían a salir, que, definitivamente, habían podido acceder a él simplemente presentando la hoja de embarque y que todos estaban contentos y satisfechos de cómo se había resuelto la situación, del agrado del personal que les había atendido y me trasladaban el cariño de los otros viajeros a los que yo había ayudado.
Conclusión: las personas individualmente somos capaces de solucionar los problemas, porque si tenemos que depender de las instituciones, lo llevamos claro.
¿Por qué no hubo una información clara y en todos los idiomas por megafonías? Si se ha desviado un vuelo de París, es fácil suponer que haya viajeros franceses que no dominen el español. Y lo mismo con el portugués… ¿Por qué no hubo esa información ni siquiera en español y hubo que funcionar a base de corrillos y suposiciones?
Parece ser que la ciudad de Madrid quedó totalmente colapsada por la nevada. ¿Vivimos en un país desarrollado o en el Tercer Mundo?
En el año 1981, viví y trabajé en Lille, en el norte de Francia. Allí he vivido nevadas de más de medio metro de espesor. La vida no se ha interrumpido. Los transportes públicos han seguido funcionando con puntualidad o, en algún caso, breves retrasos que, posteriormente se recuperaban, las vías quedaban expeditas a los pocos minutos, los bancos, oficinas, institutos… seguían haciendo su trabajo cotidiano.
Sólo hay que ver los titulares de los periódicos:
La nieve pone en jaque a todo el centro de España
Miles de escolares se quedan sin clase en Cataluña, Valencia, Aragón y Andalucía
Miles de personas atrapadas, furiosas y desinformadas
Fallos en cadena atrapan a cientos de miles de personas por la nieve
martes, 13 de enero de 2009
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